Uno de los temás que me ha mantenido ocupado estas últimas semanas ha sido la búsqueda de piso. Afortunadamente y tras 3 semanas la búsqueda ha concluido con éxito, si bien es muy interesante analizar el estado del mercado inmobiliario en este país. Una lectura entre líneas nos permite entender mejor los mismos conceptos de los que ya hablaba en esta otra entrada sobre Google+.
Lo primero que llama la atención en este país es que todo funciona a través de Craigslist, un clásico de la red que apenas ha sufrido transformación alguna desde que se lanzó en el año 95 (una auténtica eternidad en esta industria). Para alguien familiarizado con servicios como Idealista en España o Daft en Irlanda, no hace más que sorprender que en la cuna de la innovación web todavía se siga utilizando una plataforma arcaica como la creada por Craig Newmark.

Esto no es debido a la falta de alternativas mejores, que las hay, si no a la masa crítica que controla la página de clasificados. Utilizar alguna de las alternativas para buscar piso supone acceder únicamente a una parte de la oferta total de casas. Lo mismo sucede a la inversa, publicar tus anuncios en una plataforma como Trulia supone tener una menor visibilidad. ¿Por qué utilizar entonces una opción con un contenido inferior? Al fin y al cabo a la hora de buscar piso queremos tener una pequeña impresión de lo que nos podemos encontrar antes de visitarlo y unos filtros suficientes que nos permitan afinar la búsqueda. Todo lo demás ofrece un valor marginal a la experiencia.
Tal y como mencionaba en el caso de las redes sociales, ofrecer una plataforma mejor no es suficiente cuando el servicio mayoritario funciona. Debe existir un punto de inflexión, un incentivo adicional en forma de degradación del servicio que invite a todas las partes a utilizar un servicio diferente. Un cambio que migre el contenido de una plataforma a otra. En el caso de MySpace el ratio señal/ruido se redujo hasta límites intolerables y en el caso de Facebook parece que la opción más factible para una hipotetica perdida de la hegemonía es la muerte por éxito (hay demasiada gente).
Pero volviendo al tema de los apartamentos, resulta necesario que exista un "monopolio". Un servicio que agregue tanto a unos como a otros. Craigslist es este servicio, así que la opción razonable no es crear un servicio en paralelo si no poder utilizar este servicio como plataforma y construir servicios de valor añadido encima del contenido generado por los usuarios. Así tenemos servicios como Padmapper que nos permite, como usuarios, ver todas las opciones indexadas en Craigslits en un mapa de la ciudad, con información adicional acerca del area. Un nuevo entorno en el que todos ganan: los usuarios tienen una herramienta más potente, la empresa puede monetizar el tráfico y Craigslits no pierde sus comisiones por publicación.
Cuando el contenido es el rey crear servicios sobre la plataforma es la opción más razonable.
En pleno revuelo sobre los créditos no asignados de Free, el nuevo libro de Chris Anderson, un post está montando bastante revuelo al intentar desmontar el articulo-libro del editor en jefe de la celeberrima Wired.
Y ántes de poder leer el libro, me gustaría añadir algunos comentarios sobre la entrada en cuestión. Y es que desde el inicio el razonamiento es totalmente erróneo. Un modelo basado en lo gratuito, no es un modelo que no genere beneficio. Esto debería ser una obviedad que parece pasar por alto.
Éste es un tema muy recursivo. Cientos de e-mails en cadena o la nueva tendencia de los grupos en Facebook. El modelo en Internet es, fue y será gratuito para el usuario pero no para los clientes. Si bien es cierto que existen diferentes alternativas como el freemium, los usuarios nos hemos acostumbrado a lo largo de los años a disfrutar de servicios gratuitos, dar marcha atrás ahora y que una empresa pretenda cobrar por ello es un suicidio comercial. Lo más normal será que cualquier grupo de desarrolladores (o empresa con más vista) replique el servicio en días-semanas y ofrecerlo Gratis.
Es como intentar pedirle de vuelta a un niño un caramelo. Puede que lo recuperemos, pero no habrá mucho que se pueda sacar de ahí.
Pero el autor no solo erra en este punto si no que alega que ser gratis significa ser fácilmente sustituido, y es por ello de los ciclos de las redes sociales.
Aquí hay más espacio al debate, pero la conquista y posterior perdida del "territorio" de las redes sociales está más relacionado, en mi opinión, con la curva de adopción de la innovación. "Early adopters" que llegan, encuentran algo que probar y empiezan a jugar con ello. Generan tendencia y otro gran grupo les sigue. Posteriormente se populariza, y el producto comienza a perder interés para los primeros.
En otras palabras, un grupo de geeks aterriza en Twitter, comienzan a usarlo y en su circulo se empieza a popularizar por el potencial. Llegan bloggers y usuarios que han leido lo interesante de la aplicación comienzan a utilizarla. Los circulos de amigos crecen y el "boca a oreja" tanto en MundoReal como en los círculos de virtuales hacen que la red crezca. El buzz generado, hace que la curva de adopción se dispare y empiezas a encontrarte hasta tus progenitores en ella. Tiempo en el cual, los primeros "colonos" abandonan el "territorio" por dos razones principales: el ratio señal/ruido que alcanza la red es excesivo y no hay necesidad de que la señal que ellos generan pueda ser captada por decenas de personas que no les interesa.
En este caso sí que es muy fácil empaquetar la casa y marcharse, ya que lo que a alguien le podría parecer importante (contactos, información que dejan, etc) no es relevante en este caso, por que para entonces la red social se ha convertido en un estercolero. Pasó con el IRC-hispano como forma primitiva de red social, pasó en Fotologs, es-flogs y demás, pasó en mySpace y curiosamente está pasando en Facebook.
En resumen, la migración se da más por irse a un sitio limpio que por irse a un sitio mejor.
Este no es el caso de Google vs Yahoo, donde se trata de una redefinición de la página de inicio del navegador del que ya he hablado en anteriores ocasiones, así que no me voy a repetir.
Y todo ello sucediendo a una velocidad muy superior a la evolución de las empresas no-digitales.
Cuando parece que por fin Facebook se confirma como la actual dominadora de las redes sociales, pasando por encima de “viejas glorias” como MySpace o dominadoras locales como Tuenti, cada vez se hace más complicado asumir el entorno cerrado que proponen.
Y es que, a las puertas de la próxima década, nos volvemos a encontrar dos frentes tal y como ocurría al inicio de estos primeros años del milenio. Inicialmente Internet parecía un sitio natural para los portales y que ésta no tenía sentido sin ellos, hasta que nuevas aplicaciones, buscadores y páginas web empezaron a darle fuerza al concepto de plataforma.
El “dámelo hecho” frente al “Juan Palomo”. Lo “cerrado” frente a lo “abierto” (muy matizables estos dos últimos aspectos). Mientras los primeros abanderados por Yahoo intentaban retenernos el mayor tiempo posible en su sitio web, los que favorecían el segundo, abanderados por Google, proponían Internet como un campo abierto donde ellos eran el vehículo perfecto para disfrutar de una mejor experiencia.
Jugar a lo primero es la forma sencilla de rentabilizar el servicio, pero es igualmente la forma más sencilla de perder esta rentabilidad cuando los usuarios nos abandonan, ya que como dice la máxima de la red: “la competencia está a un click de distancia”.
El final de aquella historia ya lo conocemos.
Pero ahora se vuelve a repetir, y la tan aclamada “Web 2.0” vuelve a presentar una batalla similar, a batalla por nuestro “tiempo de navegación”. Facebook y Tuenti se cierran en banda y quieren que nuestra vida online les pertenezca (chat, blogging, fotos, vídeos, microblogging, minijuegos... todo lo que imagines). Por otro lado tenemos infinitas aplicaciones que nos permiten realizar todas estas actividades en comunidad de manera mucho más flexible y abierta.
Pasada la novedad de las redes sociales y situándose ahora en el momento crítico de demostrar que pueden ser rentables, la duda sobrevuela los tejados de estas compañías que la única, aparente, forma que ven de monetizar sus servicios es secuestrando nuestra información. Mientras, servicios como Twitter pueden servir de agregador de otros servicios como Flickr, Youtube o WordPress, permitiendo convertir Internet en una gran red social basada en pequeñas “redes”.
Nos enfrentamos como siempre al problema de la simplicidad y la integración frente a la potencia y la flexibilidad.
No sé vosotros, pero yo cada día me encuentro más incomodo utilizando Facebook, y encontrando irrelevante todas sus nuevas propuestas, mientras que Twitter evoluciona de una forma natural para situarse como el servicio del que ya no puedo prescindir.